Capsulón, Capsulín y Capsuler
Después de la guerra que nunca fue, casi todo el ejército de cápsulas se convirtió en limones y pasó a formar parte de la Familia Cítrix. Pero tres de ellos se quedaron tal cual eran. Esta es la historia de Capsulón, Capsulín y Capsuler, y de la respuesta que encontraron en mamá Vitrix cuando por fin se atrevieron a preguntar por qué.
Los tres que no cambiaron
Mientras el resto del ejército celebraba su nueva vida como limones, Capsulón, Capsulín y Capsuler se quedaron como estaban: cápsulas, con su armadura de siempre, mirándose entre ellos sin entender nada. "Tenemos que descubrir por qué no nos convirtieron en cápsulas limón...", pensaban en voz alta mientras caminaban por el huerto. La duda les pesaba más que cualquier armadura.
La pregunta a mamá Vitrix
Así que hicieron lo único sensato: ir directos a la fuente. Se plantaron frente a la casa de mamá Vitrix, la madre del limón, y le preguntaron sin rodeos por qué no los había elegido su magia, por qué a ellos no. "Somos buenos, trabajadores y queremos ayudar en la defensa de la tierra del limón. ¿Por qué a nosotros no?", insistieron, con esa mezcla de orgullo herido y ganas sinceras de pertenecer.
Y ya delante de ella, con más calma, terminaron de soltar lo que de verdad les dolía: "Mamá Vitrix, nosotros queremos ser como los demás y entendemos lo que están diciendo, pero el ser diferente a todo el mundo hace que todo el mundo lo mire de forma rara".
Ser diferente no es ser peor
Mamá Vitrix no les dio prisa ni les quitó importancia. Se tomó su tiempo para responder, apoyada en su cayado: "En este mundo no todos podemos ser iguales", empezó. "Nunca jamás nadie ha sido mi mejor ni peor por ser diferente. Lo importante es qué es lo que haces con tu vida y qué es lo que vas a dejar una vez ya no estés". Y añadió algo que se les quedó grabado: la vida, como los recursos, tiene un límite, y lo que de verdad importa es lo que dejas a los demás cuando ya no estás.
La importancia de la divergencia
"Tiene que haber divergencia, personas diferentes a todos los demás", siguió explicándoles. Y remató con la frase que Capsulón, Capsulín y Capsuler necesitaban escuchar: que precisamente el hecho de que no los transformara los hacía muy importantes. No eran un error ni un descuido. Eran, sencillamente, necesarios tal y como eran.
Lo que nadie esperaba
Se marcharon de allí con esa idea rondándoles la cabeza, camino de otro destino, sin esperar nada más. Y entonces sucedió lo que nadie se esperaba: empezaron a transformarse solos, sin que mamá Vitrix hiciera nada. Pero no en cápsulas limón, como tanto habían deseado. Se convirtieron en árboles limoneros, enormes y llenos de vida, cargados de limones nuevos.
Se miraron entre ellos y por fin entendieron el mensaje completo de mamá Vitrix: la vida no va siempre por donde tú quieres, sino por donde ella te lleva, te guste o no. Y su felicidad al aceptarlo hizo que se convirtieran en los tres árboles más fructíferos de todo el campo de limoneros.
Continuará...