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El limón de la tierra a la nevera

El limón de la tierra a la nevera
El limón, de la tierra a la nevera: por qué el agricultor cobra tan poco y nosotros pagamos tanto

Cada temporada, miles de agricultores de la Región de Murcia y de toda España recogen el limón árbol a árbol, con jornadas largas y un cuidado que no aparece en ninguna etiqueta. Sin embargo, cuando esa misma pieza llega al lineal del supermercado, su precio se ha multiplicado varias veces. En este artículo repasamos, con datos y sin acusar a nadie en particular, por qué ocurre esto y qué se puede hacer al respecto.

Índice

Un kilo de limones, un precio que no cuadra

Según los informes del Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que elabora la organización agraria COAG, el limón es, temporada tras temporada, uno de los productos con mayor diferencia entre lo que cobra el agricultor y lo que paga el consumidor final.

Los datos varían según el mes y la campaña, pero la tendencia se repite: el precio en origen ronda entre 0,13 y 0,60 euros el kilo, mientras que en el punto de venta el consumidor puede llegar a pagar entre 1,89 y casi 3 euros por el mismo kilo.

Lo que cobra el agricultor

Con esas cifras en la mano, el agricultor recibe una parte mínima del precio final. En algunas campañas analizadas por COAG, la diferencia entre origen y destino ha llegado a multiplicarse por 15, lo que sitúa el margen comercial en cifras que superan el 500% e incluso el 800%.

Ese precio en origen, además, tiene que cubrir el riego, los abonos, la mano de obra de la recolección, el transporte hasta el almacén y, muchas veces, ni siquiera llega a cubrir los costes reales de producción.

Lo que pagamos en el supermercado

En el otro extremo de la cadena está el consumidor, que compra el limón ya lavado, calibrado, envasado y expuesto en un lineal con climatización, logística y personal detrás. Todo eso también cuesta dinero, y es justo reconocerlo.

Pero cuando la comparación se hace kilo a kilo, la distancia entre los 0,30-0,60 euros que recibe el campo y los 2-3 euros que paga el cliente resulta difícil de justificar solo con costes logísticos.

¿Dónde se queda la diferencia?

Entre el agricultor y el lineal del supermercado hay varios eslabones: cooperativas o almacenes de manipulado, mayoristas, distribuidores y, finalmente, la gran superficie. Cada uno de ellos añade un margen legítimo por el trabajo que realiza.

El problema no es que existan intermediarios, sino que el reparto del margen final está muy descompensado. Quien más arriesga —el que planta, riega y espera una cosecha entera— es quien menos cobra proporcionalmente al final de la cadena.

El limón, motor económico de Santomera

En Santomera, el limón no es un producto más: es una seña de identidad y uno de los principales motores económicos del municipio. Cientos de familias dependen, directa o indirectamente, de esta fruta.

Por eso, cuando se habla de precios de origen que no cubren costes, no hablamos de una cifra abstracta en un informe, sino de la economía real de nuestros vecinos y agricultores. Esta es también una de las razones que impulsan proyectos como SanLimón: poner en valor el limón murciano desde el origen.

Intermediarios necesarios, márgenes que no siempre lo son

Nadie discute que transportar, conservar y distribuir alimentos frescos por toda España tiene un coste. La logística, el personal y la infraestructura de la gran distribución son reales y necesarios.

Lo que sí merece una reflexión honesta es si el reparto actual del margen es proporcional al riesgo y al esfuerzo de cada parte. Cuando el agricultor cobra menos de 20 céntimos por un producto que se vende a casi 2 euros, algo en ese equilibrio se ha roto.

Qué se puede hacer

Existen alternativas que ya funcionan en otras zonas productoras: venta directa del agricultor al consumidor, cooperativas que negocian con más fuerza, denominaciones de origen que añaden valor reconocible y canales cortos de comercialización.

También ayuda que el consumidor, cuando puede, priorice la compra directa o de proximidad, y que las administraciones locales apoyen estos canales con ferias, mercados y proyectos que acerquen el campo a la mesa.

Un pacto justo para el limón

El limón que sale de los campos de Santomera merece un precio digno para quien lo cultiva y un precio razonable para quien lo compra. Ninguna de las dos cosas es incompatible con la otra.

Reconocer el trabajo del agricultor no es criticar a nadie: es simplemente pedir que la parte del pastel se reparta con más justicia a lo largo de toda la cadena, desde el árbol hasta la nevera.